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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014, a todos sus mamporreros, con breve apéndice sobre (de nuevo) el exilio

  Mientras que espero esas doce irreparables campanadas del poema de Borges (que puedes leer completo aquí), me dispongo a cerrar el 2014, un año muy complicado y difícil tanto en lo personal como en lo académico que, además, acaba con un regusto amargo. Precisamente el año pasado por estas fechas escribía una entrada parecida en ánimo y voluntad a la actual, en la que daba a conocer las últimas novedades que me habían publicado. Este año, aunque de nuevo he recibido algunos artículos y colaboraciones, no tengo ganas de explicarlo. Tal es el nivel de mi hartazgo de las editoriales españolas que he decidido dejar de publicar con ellas, al menos mientras que sean unos auténticos chapuzas como los últimos que he tenido la desgracia de padecer. Pido disculpas de antemano a los editores que puedan leer esto; estoy seguro de que los hay buenos, pero mis experiencias en los últimos años han sido lamentables y tristes. Se dedican a editar libros porque conceden subvenciones; si vender estiércol diera más dinero que vender libros, se olvidarían de los libros y se centrarían en el estiércol. Así que la única solución que se me ocurre es si a ver entre todos lo hacemos subir de precio para quitarnos de encima a estos mamporreros jodetextos.


  Así pues, mencionaré en este cierre año sólo una reseña de reciente publicación en la Revista de lenguas y literaturas catalana, gallega y vasca que edita la UNED. Se trata de una edición del clásico medieval de la literatura catalana de Bernat Metge, Lo somni, con una traducción magnífica al inglés efectuada por Antonio Cortijo y por Elisabeth Lagresa. Al margen de su importancia literaria, si acepté hacer la reseña de este libro sin ser un especialista en Metge, al margen de la osadía reseñadora a la que ya me referí, es porque es un personaje que siempre me ha parecido interesante, con una vida azarosa y llena de episodios oscuros, como el de haber estado muy posiblemente implicado en la conspiración política que acabó con la muerte de Juan I de Aragón en 1395.

  Al margen de esta reseña, con la que pongo fin a la parte académica de este año 2014 (al menos la que puedo referir sin que me salgan sapos y culebras por la boca), he de volver a referirme al asunto que ya traté en la entrada anterior. Durante mi visita a Edimburgo, tomé plena conciencia de los miles de españoles obligados a buscarse la vida lejos de su hogar, dentro de un proceso de emigración por causas económicas, o de otra índole, que recuerda precisamente al exilio posterior a la guerra civil española del siglo XX. En los días finales de este 2014 surgió un artículo de Ramón Espinar que suscitó cierta polémica, al equiparar la marcha de estos millares de españoles con un concepto, el de exilio, que en general se suele utilizar para otros contextos, más relacionados con una marcha masiva de capital humano por razones más políticas que económicas. Es evidente que hay cierta provocación por parte del autor, pero lo que se pretende es precisamente visibilizar un fenómeno inaudito y que nos va a lastrar el futuro muchísimo más de lo que se percibe en el día a día: no hay país que pueda soportar tamaña fuga de personal cualificado sin que su economía y su devenir se resienta enormemente.


  Por si fuera poco, a contribuir todavía más al candente tema de lo que yo, en la entrada anterior, había denominado como "fuga de estómagos cualificados" más que "fuga de cerebros", llegó la salida de tiesto del típico bocachancla hispánico respecto al tema del éxodo. Le cupo en suerte ocupar tan triste papel al presidente del mayor organismo de investigación en España, al que de forma coloquial llamamos por sus siglas: CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Emilio Lora-Tamayo d'Ocón, que, como se explica en este artículo, viene de aquellas escasas familias que comieron caliente durante los cuarenta años de ignonimia dictatorial, vino a decir que la llamada fuga de cerebros de España es una leyenda urbana exagerada.


  Nadie que tenga dos dedos de frente puede negar la evidencia de los datos no solo de la pérdida de población activa en España, sino también de que el porcentaje de estudiantes que habrán de emigrar si quisieran continuar sus estudios es cercano al 80%. El delito, si cabe, es mucho mayor si se preside el organismo científico español más damnificado por esta pérdida de investigadores. Pero como a los mamporreros sólo les interesa su salario, sus prebendas y no morder la mano política que les da de comer, aquí el mamporrero del CSIC está más ocupado en ladrar a los medios la verdad que le dicta su amo y en indagar con qué tipo de argucias legales puede cumplir con su mandato. Razones de más para hacer poco caso de estas marionetas, personajes de ópera bufa, que no merecen la atención de casi nadie por muy rimbombantes que sean sus títulos y sus siglas.



  Estas absolutamente estúpidas declaraciones han desencadenado una curiosa reacción. Desde la página web de la ACCTE (Asociación para el avance de la Ciencia y la Tecnología en España) se ha animado a todos aquellos aventureros y espíritus inquietos con ganas de viajar fuera de España para investigar que se hagan una foto con este bonito cartel.

  Así que aquí estamos, despidiendo el año desde el exilio, junto a todos los demás. Que el 2015 os sea muy propicio y provechoso.


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